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      La sociedad avanza y también su técnica y, lamentablemente, las formas de ejercer violencia sobre las personas. Del “gafitas cuatro ojos capitán de los piojos” que nos decía el chico más fuerte del barrio cuando nos encontraba por la calle y quería hacer una gracias ante el grupo que le acompañaba, hemos pasado al ciberacoso (o cyberbullying en su término original) de la actualidad, a la ciber-intimidación.

      El ciberbullying es la utilización de las nuevas tecnologías por uno o varios menores para ejercer acoso psicológico a otro menor; crearle perfiles falsos en redes sociales, colgar en redes sociales fotos comprometidas, datos que le avergüence sean públicos, insultarle en los foros donde participe, facilitar su dirección de correo para que reciba ofertas, perseguirle en todas las redes sociales, provocar insultos, tratar de poner en ridículo a la víctima… todo ello son manifestaciones claras del ciberacoso entre menores, que en más de una ocasión hemos visto finaliza con el suicidio del menor.

      Desde luego, como en la mayoría de ocasiones, la situación ideal es prevenirlo. Para ello los padres debemos de transmitir a nuestros hijos e insistir en forma permanente los tan sabidos mensajes de ser cuidadoso con los datos personales; antes de publicar una opinión, una foto, un avatar… reflexionar sobre la conveniencia o no de hacerlo; ser prudente en los chat… Hay una medida que los menores entienden perfectamente y es que no publiquen, cuelguen, suban… a foros, redes sociales, etc, nada que no quieran que vean sus padres y/o sus profesores.

      Pero si llegamos tarde, y todavía no hemos perdido la confianza del menor y este nos pide ayuda, ante todo, tranquilidad y apoyo incondicional al menor (no es momento de reñirle por no haber hecho caso en su momento, o por pasar tantas horas ante el ordenador); hay que hacer una evaluación rigurosa de la situación, no destruya pruebas, y en función de la gravedad del acoso y los datos que del menor tenga el acosador, tome las decisiones, pero ante la más mínima duda, acuda a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y denuncie los hechos; si la situación le sobrepasa o, simplemente, necesita ayuda, acuda a su abogado.

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